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La olvidada visita del escritor de "Pacha Pulai" a Cayucupil



Los recorridos por Chile del periodista Hugo Silva Endeiza eran habituales. Los ágiles lectores ya sabían que su pluma se escondía bajo el seudónimo de Paul Vérité. Las páginas de los periódicos nacionales mostraban con detalle cada una de sus peripecias por diversos lugares del país, conociendo aspectos únicos de cada uno. 
  
Comenzó trabajando en la Valparaíso y luego en Iquique. Posteriormente participó de varias actividades que lo llevaron a ganarse un nombre en el mundo de las letras. Sin embargo, hoy en día su creación más famosa es una novela, la única que escribió: “Pacha Pulai”. 
  
El escrito basado en la “Ciudad de los Césares” y la increíble desaparición del malogrado teniente Alejandro Bello Silva. donde el hábil piloto debía ocultar su identidad bajo el de Alonso González de Nájera. 
  
Poco sabíamos de su relación con la zona al descubrir que Paul Vérité (Hugo Silva) visitó Cayucupil en 1929, cuando llegó hasta la Hacienda Caicupil, propiedad de don Manuel Cáceres. Hoy parte de la sucesión Arnaboldi-Cáceres quienes continúan viviendo en el lugar. 

En este lugar Vérité (Silva) relata sus impresiones de la bondad de la gente y abundancia de los banquetes campesinos, poniendo énfasis también en lo que le provocaban semejantes festines. 

A continuación, la sección aparecida en el periódico La Nación, en su edición del martes 11 de junio de 1929, hace 91 años cuando el creador de “Pacha Pulai” visitó Cayucupil: 
 
- Hombre, Paul, veo que ha llegado usted más flaco de su gira al sur -me observa un amigo- 
- ¡Es que se come tanto por allá! - le contesto.

Nada de paradoja, amigos míos. Los casos de desnutrición no raros en esas tierras tan abundantes en huachalomos y chanchitos al horno. Y no son raros, esta es la cuestión, por lo mismo que la gente come demasiado. Tal vez las generaciones actuales están pagando en lipirias y catarros intestinales los ágapes pantagruélicos de los antepasados. Quién sabe si los abuelos gastaron por anticipado los jugos gástricos que debían corresponder a la gente de hoy. que sigue comiendo y bebiendo tan torrencialmente como ellos. El hecho es que me he encontrado en esas hospitalarias tierras una gran cantidad de gente que va mal del estómago, de rostro magro, la color verdosa, las mejillas hundidas, y que no está flaca por comer poco, sino por comer mucho.

Y ellos lo explican con la circunstancia de que hay tan poco que hacer en los pueblos, así como en los campos, una vez terminadas las faenas de la siembra. Hay que esperar los aguaceros que harán germinar el grano. Y mientras está lloviendo, mientras llega la época en que es posible transitar por los caminos e ir a los campos a cosechar, vamos comiendo. Calculo que hay pueblos donde, entre el desayuno y la cena, se consumen al día centenares de metros de longaniza.

Se come en abundancia y sin método. Con motivo de estar lloviendo, con motivo de haber salido el sol; porque hace frío, o porque se ha atemperado el ambiente; porque al amigo Cáceres le nació un hijo, porque al vecino López se le murió una tía. Todos los pretextos son buenos para hacer matar un capón y sentarse a la mesa y llenar ruidosamente el día, comiendo y libando.

El ultimo Corpus-Christi, día de los Manueles, me sorprendió en pleno campo, no lejos de una hacienda llamada Caicupil. Se llama vagamente Manuel su dueño, porque tal nombre, aunque no lo usa, figura entre los muchos con que le inscribieron en la partida bautismal. Con tal motivo recibió en presente una pipa de vino nuevo, unos chanchitos lechones, varios corderos. 

El afecto de los hacendados vecinos se materializaba en tan opípara forma. Y yo, huésped ocasional de aquellas tierras, caí en la ancha mesa de Caicupil, enredado en la comitiva de visitantes. Eran unas once. Empezaron a las 4 de la tarde, terminaron alrededor de las 7. A las 10, nueva llamada a comer. Largo desfile de guisos, chanchitos rellenos, pavos, espantosas raciones de malaya, tortas babélicas. Ingerir todo esto nos costó cerca de cuatro horas de constante masticar. Y a las 5 de la madrugada, volvió la campanilla a reclamarnos con urgencia: ¡al valdiviano! Nos salió el sol en la tarea. 

Y esto no es por allí un suceso extraordinario. Es lo común comer así. Cada día es Santo de alguien, y si no lo es, da lo mismo. Siempre hay alguna razón para “darle el bajo” a una cuarterola de mosto y a una media docena de capones cebados. No son orgias, no. Son comidas, simplemente. Y sacarles el cuerpo a las rondas de trago o a un plato rebosante de ensalada de patitas es un acto degradante que pronto lo clasifica a uno en la despreciable casta de los “poco hombre”.

Así se come en los pueblos y en los campos. Los mismo en el norte que en el sur ¿No se recuerda todavía a los famosos Caribes de Iquique, dueños de todos los récords de ingestión de sólidos y líquidos?

Comer así no tiene, por cierto, el mismo significado que alimentarse. De ahí que el hecho de cruzar uno algunas provincias y volver con algunos kilos menos, no tenga nada de particular.

PAUL VÉRITÉ (HUGO SILVA).
La Nación, martes 11 de junio de 1929.
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50 años de la Reforma Agraria: El proceso que transformó Cayucupil


La Reforma Agraria es el proceso más importante de acuerdo al manejo del territorio agrícola nacional, lo que transformó el campo chileno para siempre.

Inicios de un pueblo

A partir de 1853, la entrega de terrenos de Cayucupil por parte de líderes mapuche y sucesivos traspasos de los fundos que conformaban el valle, obligaron a constantes cambios de dueños hasta 1908, cuando Elena Méndez vende la totalidad de la hacienda a Fidel Cáceres.

Con el pasar de los años, con el terreno ya subdividido en fundos, los herederos de Cáceres mantendrán dominio sobre del fundo Caicupil. Mientras que la familia vascofrancesa Montory adquiere los fundos Santa Elena y Maquehua. Por otro lado, Martin Cigarroa controlaba gran parte de los fundos Pulebu y Puchacay.

Llega la reforma

En 1962 se inicia el proceso, pero a mediados de julio de 1967 entraron en vigor dos nuevas leyes que desencadenaron el proceso de Reforma Agraria de forma definitiva: la Ley 16.640 y la Ley de Sindicalización Campesina 16.625. Esta situación comenzó con cambios radicales en el entorno campesino, en el que Cayucupil no estuvo ausente.

A consecuencia de la reforma eran muy fuertes los rumores que los fundos del valle de Cayucupil serían tomados a la fuerza por campesinos sin tierra de diferentes lugares del país.

Esta situación preocupaba mucho a las familias Montory y Cáceres, ya que en los sectores altos de la cordillera ya se habían producido escaramuzas entre campesinos y dueños de fundos, incluso con enfrentamientos con carabineros y desalojos. Esto aceleró los procesos de venta de parte de los principales fundos del sector: Santa Elena, perteneciente a la familia Montory, y Caicupil, propiedad de la familia Cáceres. Ambas familias mantenían una relación amigable con gran parte de los inquilinos, lo que hacía factible una venta en los términos de la reforma.

Así lo principales beneficiados de esta venta serían campesinos que vivían como inquilinos en el sector y que en su mayoría provenían de los sectores altos de la cordillera, lugar donde no habían podido expropiar los terrenos que ocupaban, dado que la tierra era netamente forestal, por lo que debieron comenzar a bajar al valle. Otro de los acelerantes de este proceso fue la disolución de empresas forestales, tales como BIMA, tras la prohibición de la tala de la araucaria.

En un principio, los campesinos comenzaron con la creación de una Cooperativa Campesina en 1965, la que tuvo a su alero a la Compañía Ganadera, creada en el Fundo Santa Elena, y la Empresa Porcina, con asociados principalmente del Fundo Caicupil.

Esta Cooperativa no estuvo exenta de complicaciones, dado que existían desacuerdos entre algunos campesinos con las subdivisiones, esto principalmente en la empresa porcina correspondiente al Fundo Caicupil, ya que solo seis beneficiarios se quedarían con cerca de 300 hectáreas.

Tras el problema de la empresa porcina, que no prosperó definitivamente, la compañía ganadera Santa Elena – Cayucupil, tomó las riendas del asunto, y comenzó con el proceso de compra a la familia Montory. Esta agrupación de campesinos estaba conformada por Juan Ávila, José Barrientos, Justo Cáceres, Ramón Cáceres, Segundo Hinojosa, Gabino Medina, Olegario Méndez, Ruperto Molina, Eulogio Neira, Isidoro Salazar, Dorilo Sáez, José Sáez y Fernando Sanhueza.

Así, los socios la compañía Santa Elena – Cayucupil pactaron una compra con un plazo de 10 años. Algunos de los integrantes propusieron acelerar este proceso, llegando a pagar el terreno en solo 3 años, mediante la cancelación de dos cuotas. Esto permitió a los socios a recibir 13,7 hectáreas a elección.

Esto despertó la suspicacia del concejo administrativo de la Cooperativa quienes estudiaron rematar estos terrenos, pues alegaban que la empresa Santa Elena les debía dinero. Finalmente, se aclaró que no existía tal deuda y se continuo el proceso de mensura de los terrenos.

Posteriormente los vecinos de Santa Elena, también donaron una porción de terreno para una cancha de fútbol, para el club deportivo local existente desde la década de los treinta, y para un colegio, que solo contaba con un rústico galpón y que con los años se transformaría en internado.

El rol de las comunidades mapuche

La llegada del winka a Cayucupil era indiferente para varias comunidades mapuche, ya que no se contraponen, en un principio, a los intereses locales. Inclusive muchos de los integrantes de estas comunidades tenían trabajo en los distintos fundos del valle.

Esta convivencia amigable cambió con los años, ya que estas comunidades comenzaron a sufrir por la constante reducción de sus espacios. Por ejemplo, en 1963 las comunidades Pablo Huenuan y Eugenio Quetra reclamaban usurpación de parte de sus terrenos. Esto acrecentó el descontento de las comunidades que a principios de siglo habían sido divididas por la comisión de radicación indígena.

De esta forma, con la Reforma Agraria, el pueblo mapuche tenía una gran oportunidad de recuperar parte de lo que reclamaban como suyo, por ejemplo, logrando expropiar terrenos principalmente en Pulebu, pertenecientes a la familia Cigarroa y Etchepare.

A partir de 1968 algunas de las comunidades mapuche lograron tener reconocimiento real de su terreno, algunas de ellas fueron Pedro Melita, Juan Lepillán, Ignacio Lepillán, Pablo Huenuan y Juan Paillañir. Todas ellas registraban problemas de delimitación de terrenos desde antes del comienzo de la reforma agraria.

La contrareforma

Con la llegada del gobierno militar en 1973, la Reforma Agraria llegó a su fin y se comenzó el proceso de contrareforma, que incluía la restitución de algunos terrenos a sus antiguos dueños y la entrega a nuevos capitalistas. Además, se realizaron nuevas parcelaciones en los sectores de Pulebu, San Antonio y Tres Sauces.

En Cayucupil, como los terrenos no habían sido tomados a la fuerza, sino más bien mediante negociaciones y pagos en regla, no se hicieron grandes cambios y se respetó el derecho de quienes se establecieron.

Inclusive, dirigentes de Cayucupil tuvieron participación en los consejos de desarrollo comunal, CODECO, lo que por fin daba a los habitantes de la localidad representatividad en el municipio local.
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Sitio histórico de Cayucupil estará protegido tras acuerdo con empresa forestal

El 28 de octubre se reunieron el alcalde de la comuna de Cañete, Abraham Silva, junto a concejales, vecinos de Cayucupil y representantes de la empresa Forestal Tierra Chilena, para sellar un acuerdo que entregará en comodato para la Municipalidad una hectárea de terreno, en la denominada Quebrada de Butamalal, por 99 años.

La franja de terreno a proteger es sindicada por historiadores como parte del patrimonio histórico de la comuna de Cañete, dado que en las cercanías de este lugar se libró la “Batalla de la Quebrada de Purén” el 20 de enero de 1558. Este paso, ubicado en una zona estratégica de conexión entre la Araucanía y el lafkenmapu estaba amenazado desde hace varios años por la explotación forestal e hidroeléctrica del sector.

Al respecto, el destacado historiador Clímaco Hermosilla, indicó “Ese rico patrimonio histórico geográfico es el que queremos recuperar para que no se siga plantando pinos ni eucaliptos, para que no se sigan loteando y para que no se sigan destruyendo los sitios, y así nosotros podamos entregarlo a las nuevas generaciones”.

Desde Cayucupil también vieron con buenos ojos tal situación, ya que esto marcaría uno de los primeros hitos históricos de la comuna en ser traspasado desde el sector privado al público, logrando ser un atractivo punto para el turismo local.
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Fallece uno de los pioneros del transporte público de Cayucupil


El conocido empresario Óscar Jeldres Sánchez, falleció el día 20 de octubre de 2015 a las 02.30 hrs de la madrugada, a la edad de 86 años.

El recorrido entre Cañete y Cayucupil, a principios de los años setenta, fue el inicio de la próspera empresa Buses Jeldres, que hoy es una de las más importantes de la Region del Bío-Bío.
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Realizan lanzamiento de libro que retrata los sitios históricos de Arauco


En el Auditorio de la Municipalidad de Cañete, se llevó a cabo el lanzamiento del libro del Profesor e Historiador, Clímaco Hermosilla, titulado “Sitios Históricos de Arauco”, una mirada profunda y acuciosa a la historia y hechos que dan origen al acontecimiento conocido como la Guerra de Arauco.

En la jornada estuvieron presentes los concejales Luis Viveros (alcalde protocolar), Ana María Fierro, Mario Lobo, Oscar Leal y Cristian Medina, además de Alejandro Miholovich, Profesor, Historiador y Director de la Biblioteca Municipal de Concepción y el concejal de Bulnes, Max Pacheco, entre otros invitados, además de la comunidad de Cañete.

Hermosilla señaló que “esta es una pequeña guía del “Arauco Histórico”, que tiene como objetivo el facilitar los desplazamientos de los visitantes por la zona, además de complementar información histórica y geográfica referida a los hechos históricos sucedidos en ella”.

En este libro se podrán encontrar con mapas de los territorios del Arauco histórico, las coordenadas geográficas de los sitios históricos de Arauco, de Cañete, entre otros interesantes temas de relevancia e importancia histórica.

Hermosilla, a través de sus letras, ha colaborado a fortalecer la memoria de los primeros años de nuestra república en la zona, así como el crecimiento desde el siglo XVI en adelante, rememorando episodios históricos que sucedieron en la zona de Arauco, los invitamos a leer alguno de sus investigaciones ligadas a Cayucupil:

  • Los últimos propietarios de Rucañirre, Puchacay y Pulebu (ver)
  • ¿Dónde estaba ubicado el Fuerte de Cayucupil? (ver)
  • Los medianos propietarios de Cayucupil a partir de los años veinte. (ver)
  • El Descanso, el origen de un importante Fundo en Cayucupil (ver)
  • El nacimiento de Maquehue (Maquegua) en el Valle de Cayucupil (ver)
  • Propietarios de Cayucupil (Caicupil) desde 1853 hasta mediados del siglo XX (ver)
  • Inauguran placa conmemoratitva de la "Batalla del Desfiladero de Butamalal"(ver)
  • Cayucupilanos (ver)
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[Video] ¿Cómo era Cayucupil hace 10 y 20 años atrás?

Hemos rescatado material audiovisual único que nos muestra como era nuestro querido Valle de Cayucupil alrededor de diez y veinte años atrás.

Estamos trabajando para seguir recuperando más material de nuestra localidad y alrededores. 

Si tienes fotos o videos del recuerdo, te invito a compartirlos enviando un correo a info@cayucupil.cl

A continuación compartimos los videos:


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El día en que Salvador Allende habló de Cayucupil en el Congreso Nacional

En la primera intervención de Salvador Allende, frente al congreso pleno en 1971, parte de su discurso estuvo enfocado en las crecientes intervenciones territoriales que promocionaba la Unidad Popular dentro de los distintos lugares del país y la suma de proyectos que se efectuaban para lograrlo.

En 1970 y tras no alcanzar la mayoría necesaria para erigirse como Presidente de la República, debió ser el congreso quien lo ratificara en el cargo. Es más, no fue hasta el 21 de mayo de 1971 cuando habló por primera vez ante el poder legislativo. Aquí debió trazar los lineamientos de su gobierno, que sería abruptamente interrumpido en 1973 por las causas que todos conocemos.

Tras 27 años, Allende tomaba la palabra, no como parlamentario, sino como jefe de estado, y hacía entrega de los fascículos de políticas públicas, política monetaria, política internacional, entre otras.

En el área de política de infraestructura consignó: “Paralelamente a este plan de grandes obras se está intensificando la construcción de obras de pequeño riego. Entre éstas cabe señalar: (…) Regadíos Cayucupil y Butamalal, en la Provincia de Arauco, destinados a incorporar 4.000 Hás. al riego en la zona de Cañete.”

El canal de regadío comenzó a gestionarse en 1956 (ver nota completa) por la CORFO, en el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, siendo terminada la primera etapa en 1960.

Curiosamente en 1971 las obras no se terminaron de ejecutar por la cifra que se había prometido, debido a la fuerte crisis económica (cada proyecto costaba cerca de 4 millones de escudos solo en su fase de estudios), dividiendo el proyecto en tres etapas, para que se concretara en el largo plazo.

En 1974, las obras del canal fueron nuevamente reactivadas, esta vez bajo el Gobierno Militar, siendo inauguradas por Cesar Mendoza, Director General de Carabineros, aunque antiguos vecinos afirman que las habría inaugurado el mismísimo Augusto Pinochet (ver nota), en una de sus visitas a la ciudad de Cañete (1974 ó 1976).

Posteriormente en el último Mensaje Presidencial de Pinochet en 1989 también el Canal Cayucupil fue nombrado, pero en fojas interiores de los diversos tomos presupuestarios nacionales.
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“Cayocopil” saluda al mundo en el Cerro Santo Domingo de Valparaíso

Cayucupil ha pasado un tanto inadvertido en la historia de nuestro país, a pesar de tener gran importancia en las decisiones que forjaron los primeros años de nuestra “historia conocida o documentada”. Es sabido que en 1558 a orillas del río Butamalal (Nuelas o Togol-Togol) se disputó una de las batallas importantes de la Guerra de Arauco, llamada la “Batalla de la Quebrada de Purén”, consignada en uno de los cantos del poema épico “La Araucana” de Alonso de Ercilla y Zuñiga.

Años más tarde en el Parlamento de 1692, realizado en la Plaza de San Carlos de Austria en Yumbel, el lof de Cayucupil juega un rol fundamental con la asistencia de los loncos Anteni, Coliepi, Aucallanca y Marinaguel. Quienes en muchos escritos de la época quedan registrados como los loncos de “Cayocopil”, “Caicupil”, etc.

Esa huella ineludible del pasado de nuestro valle ha sido tomada en cuenta por varias ciudades de nuestro país que han tomado a Cayucupil como parte suya, al menos al nombrar alguna calle en su honor.

“Cayocopil” saluda al mundo en el Cerro Santo Domingo de Valparaíso.

En la ciudad de Valparaíso, patrimonio cultural de la humanidad, y a sólo minutos del Muelle Prat y de la Plaza Sotomayor, se eleva el Cerro Santo Domingo, hoy transformado en un barrio tradicional y turístico, que tiene a la Calle “Cayocopil”, como uno de los principales pasajes.

La señora Luisa Arévalo, habitante del lugar, destaca la particular belleza del barrio en un singular comentario: “Antes aquí no se podía ni jugar a la pelota, estaba prohibido; venía la comisión, les quitaba la pelota y se llevaban preso a los cabros. Alguien decía:- ¡Oye, vienen los pacos! Y quedaba la arrancadera para todos lados. Lo que sí, se hacían bailes. Yo tenía siete u ocho años así que esto fue como el 55, por ahí. Todos se juntaban aquí, afuera de mi casa, en Cayocopil. Se ponía amplificación desde una de las casas y se sacaban los parlantes; los cabros picaban la calle, la emparejaban y empezaba.”

Aquí durante muchos años funciono uno de los más antiguos ascensores que se encumbraban al Cerro Santo Domingo. Este ascensor, uno de los 11 funiculares en desuso, funciono desde 1910, a modo de conmemoración del centenario de la independencia nacional. Cobijó a varias generaciones de porteños, que subían desde la calle Cajillas hasta la estación alta ubicada en Cayocopil N°125, hasta su cierre en 1974.

Durante los últimos diez años se han estado realizando grandes esfuerzos para recuperar patrimonialmente las casas del sector, reparando consigo las interminables escaleras que comunican a los cerros, lo que definitivamente hace que “Cayocopil” sea muy atractivo tanto para los visitantes nacionales como extranjeros.
Una vista a la calle "Cayocopil"


El Ascensor "Santo Domingo" mirando al Puerto de Valparaíso.
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El Padre Luis de Valdivia: El amor, la paz y el odio al pueblo mapuche.

El empeño puesto por los gobernadores españoles como Martín García Oñes de Loyola de mantener la paz con las belicosas tribus de la Araucanía tenía que ser ayudado por alguien, se adoptó la unánime decisión de recurrir a los misioneros jesuitas.

Es así que el Padre Valdivia, venido desde Granada (España) en 1589 y llegando a Chile en 1593, después de una estadía en Perú. En nuestro país se convirtió en rector de la orden jesuita en 1595 tras el retiro del Padre Baltazar de Piñas.

Su obra entrañable estuvo ligada con la guerra defensiva y por lo mismo recurrió a dos de sus hombres, Vega y Aguilera, para que recorrieran los sectores de Arauco, Tucapel, Cañete, Angol, entre otros. Siempre acompañados por un grupo de soldados españoles ante cualquier eventualidad.

Los dos padres entablaron una buena relación con los mapuche, que a la postre fue tan bien visto por el Padre Valdivia, que este mismo en 1597 decidió venir a estas tierras y estuvo interno en la Araucanía, por casi siete meses, encantado por este pueblo.

Todo iba bien, hasta que la situación se volvió hostil, un año después, al desencadenarse un levantamiento mapuche generalizado en el sur de Chile, debiendo regresar a la capital, fundamentalmente por el orgullosos conas que no creían en los acuerdos impulsados por los indígenas de mayor rango, como los caciques.

Esto hace ver, desde Santiago, al Padre Valdivia la crueldad de los españoles en contra de los naturales de esta tierra, situación que a la postre, lo haría volver nuevamente a la Araucanía. Lamentablemente llevándose otra sorpresa.

Grupos de araucanos habían perpetrado sangrientos enfrentamientos, donde no respetaban los templos religiosos, imágenes sagradas, sacerdotes, mujeres, niños, etc. Es decir, la enseñanza hecha por tantos años se hizo añicos y desilusiono profundamente al Padre Valdivia, quien en 1600 decidió apoyar la esclavización del pueblo del sur y fue devuelto a Lima tras sucesivos ataques de nervios y melancolía tras su drástica decisión.

En 1604 Alonso García de Ramón se convierte en Gobernador de Chile y comienza a dar práctica a la idea de la guerra defensiva, dejando libre al mapuche de la esclavitud. Uno de quien debe ayudar en esta idea es el Padre Valdivia, por su conocimiento de estas tierras, más si todo esto fracasaba la guerra se desencadenaría otra vez.

El 19 de marzo de 1605 llegó el Padre Valdivia a Penco y para cumplir con su tarea recorrió los territorios del lafkenmapu (zona costera de la actual Provincia de Arauco) parlamentando con caciques en Catiray, Arauco, Quiapo, Tucapel, Cayucupil, Lebu y Paicaví.

Finalmente, nada de esto resulto y hasta el mensajero del Padre Valdivia fue muerto por los mapuche, pues se descubría que este tratado de paz, no era más que una solicitud a que los indígenas se replegaran al norte del río Itata, algo que nadie iba a hacer. Un rotundo fracaso para el Padre Valdivia, quien debió volver a Lima a dar explicaciones, tras una decisión del gobernador, que veía con mejores ojos la llegada de refuerzos y afianzar aún más la conquista militar, que lo estaban a punto de hacer: la conquista evangelística.
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Cayucupil y Nahuelbuta: Unidos a un hermoso libro del Padre Mariano Campos

En Junio de 1972, Fernando Campos Harriet de la Academia Chilena de la Historia describe al Padre Mariano José Campos Menchaca, S. J. como un gran historiador jesuita, un cristiano de los viejos y cabal.

El Padre Mariano Campos nació en Concepción el 22 de Abril de 1905. A los 15 años ingresó al Noviciado de la Compañía de Jesús en Chillán. Estudió en Córdoba y en Buenos Aires. Enseñó largos años Historia y Religión en Santiago.

A partir de 1955 comenzó a misionar en la zona de Sara de Lebu, comuna de Los Álamos, Provincia de Arauco, donde vive una numerosa comunidad mapuche.

Con el fin de recolectar para esa gente que se hallaba en extrema miseria organizó la obra MAHUIDANTU. Al mismo tiempo echaba la base de sus dos libros: Por los Senderos Araucanos y Nahuelbuta, este último, una historia del pueblo mapuche y de sus luchas.

Campos Harriet, habla de los alcores, valles, barrancas y hondonadas de Nahuelbuta desde donde se divisa la bruma del mar y el viento puelche que ulula entre los bosques, que el Padre Mariano describe fielmente en su libro: Nahuelbuta.

Desde este libro sacamos un pequeño extracto muy relacionado con nuestra localidad, hoy la descripción cambiaría un poco, pero las bellezas y el legado de esta tierra no desaparecen.

En la zona del Bío-Bío hacia el sur, la luminosidad se intensifica, pero sin molestar la vista, es un regalo de Dios poderla disfrutar; en las serranías hay rincones maravillosos donde parece que la luz reverbera en el bosque.


Uno de esos lindos rincones es el estero Cayucupil, al pie de Nahuelbuta; viajando por ahí una vez, nos detuvimos en el puente para contemplarlo a gusto.


Los componentes de ese rinconcito indescriptible serían: la montaña cubierta por su bosque verde-oscuro; la quebrada profunda, silenciosa y fresca, con sus paredes cubiertas de matorral con todos los matices del verde y con abundancia de copihues rojos, brillando entre el ramaje; y al fondo, deslizándose mansamente, las aguas del estero tan transparentes que ni se veían casi, hechas azules y luminosas al reflejar el cielo.


Conserva intacto ese rincón todo el encanto virgen de la naturaleza primitiva.


Una de las personas que viajaba con nosotros dijo, impresionada al verlo: “Por Dios, que es lindo esto; ojalá nunca lo manche el hombre”.


Tenía el mapuche el privilegio de vivir en la luz maravillosa del sur, pero no tenía la otra luz, la de nuestro Padre Dios: había que llevársela.

En 1975 el Padre Campos obtuvo permiso para irse a vivir a Sara de Lebu, cerca de sus queridos mapuches. Falleció en Santiago, santamente el 12 de Julio de 1980. Sus restos descansan junto a la Iglesia y a la posta que levantara en bien de los habitantes de esta zona. Hoy la biblioteca de la ciudad de "Los Álamos" lleva su nombre.

Extracto: Libro "Nahuelbuta", P. Mariano Campos M.
Biografía: Biblioredes (link).
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Canal de Regadío Cayucupil: Una interesante historia llena de contrastes.

La idea de la construcción de este canal nació en el año 1956 y fue la Corporación de Fomento, a través de su Departamento de Obras Civiles, el organismo que tomó la iniciativa para hacer los primeros reconocimientos tendientes a determinar el área de riego potencial, la ubicación de las obras principales y otros antecedentes de interés para el desarrollo del proyecto. Sistematizada y analizada la información, la Corporación de Fomento dio término en 1960 al proyecto definitivo del canal Cayucupil.

La Dirección de Riego se hizo cargo de este proyecto a fines de 1971, vale decir más de 10 años después que la CORFO había terminado su estudio. Riego realizó varias modificaciones a las estructuras elegidas para su construcción, reduciendo el área de riego y dividiendo la construcción de la obra en tres etapas.

Terminada la primera etapa, la obra quedó paralizada por problemas de financiamiento, por lo que el área de riego quedó reducida a la “Villa Cayucupil”, que sólo tiene unas 400 ha de terreno cultivable. Esta zona de riego, cuenta con una Matriz de unos 8 Km de longitud, con bocatoma en el río Cayucupil y una red de canales derivados y subderivados, que hacen un total de 16 Km de desarrollo.

El área de riego está limitada al sur por el río Cayucupil; al este por el inicio del valle del mismo nombre; al norte por el canal Matriz y al oeste por el estero Conhueco, cubriendo una superficie aproximada de 1.200 ha. El área antes descrita se ubica a 10 Km al este de la ciudad de Cañete, a unos 600 Km al sur de Santiago.

La superficie de la zona corresponde a lo que se conoce como suelos de aluvión, cercanos al río, con una superficie de unas 300 ha y mesetas y lomajes de alrededor de 800 ha, situadas al norte del río. Esta superficie, que según el proyecto Corfo es regable, ha sido clasificada por Impuestos Internos como suelos de clase III y IV y tiene en su conjunto características de vegas, lomas con pendientes de hasta un 7% y suelos planos de buenas condiciones para ser regados.

La bocatoma del canal Matriz se ubica en la ribera norte del brazo derecho del río Cayucupil, a 6 Km aguas arriba de la confluencia de los ríos Cayucupil y Butamalal. Se captan 1,90 m³/s, que corresponde a la capacidad máxima del canal en todo su desarrollo.

Con respecto al área de riego del canal Cayucupil, especialmente dado el clima del sector, podrían desarrollarse cultivos anuales como trigo, maravilla, maíz, frejoles; frutales diversos, como manzanos, cerezos y otros. Los rendimientos que poseen las tierras de este valle en secano, no son buenos. Sin embargo se estima que con riego apropiado estos bajos rendimientos pueden mejorar ostensiblemente. En el sector Cayucupil la propiedad está en manos de pequeños agricultores que poseen entre 1 y 60 ha cada uno, salvo un predio de 400 ha que corresponde al 35% del total del sector.

En 1974 se inició una nueva etapa en su contrucción en pleno gobierno militar dando lugar a la absorción de cesantia en la localidad y porsupuesto ayudando de gran manera la producción agricola de los habitantes de la Villa, este viaducto medía 30 km con una capacidad de 1.9 m3/seg, alcanzando una superficie beneficiada de 400 hectáreas. Posteriormente se creo una nueva etapa de construcción, el mismo año, el cual media 10 km alcanzando eso si una superficie mayor: 750 hectaréas.

Según cuenta la historia cuando finalizó está construcción en 1974 fue inaugurada por uno de los caporales de la Junta Militar de Gobierno de 1973, el director general de Carabineros César Mendoza Durán, aunque muchos avalan la equivocada tesis de que fue inaugurada por Augusto Pinochet Ugarte en la primera de sus dos visitas a la ciudad de Cañete (1974 y 1976) (Ver aquí).

En el año 1996 la Dirección de Riego contrató con la firma consultora Ingeniería y Recursos Hidráulicos Ltda. (IRH), un estudio de mejoramiento de todo el canal. Este estudio fijó criterios para el diseño de mejoramientos, efectuó un diagnóstico del canal y proyectó los mejoramientos necesarios. Posteriormente en 1997 se procedió a llamar a licitación pública para la ejecución de la II etapa de los trabajos correspondientes. En el año 1999 se llamó a licitación privada para la continuación de las reparaciones que era necesario realizar, además de absorber parte de la cesantía existente en el sector.

En varias oportunidades se han realizado trabajos de extracción de derrumbes y pequeñas reparaciones de emergencia, ejecutadas con la gente del sector. Posteriormente durante los años 2000 y 2001 se contrataron entre otros, tres canoas de hormigón reemplazando antiguas de madera y entubación de varios sectores del canal.

Sector Bocatoma ubicado camino en la Cordillera de Nahuelbuta.

En el año 2000 se efectuaron obras de construcción de revestimientos con shotcrete, losetas, albañilería y hormigón en diferentes lugares, entubamiento de derivados, reparación del sifón Caillín, instalación de aforadores metálicos, reposición de canoas de madera por canoas de hormigón, entre otras. La inversión en el 2000 ascendió a 170,5 millones de pesos.

Actualmente el canal está habilitado hasta el Km. 23 regando 1.000 ha, faltaría aún habilitarlo hasta el Km. 29 para regar 1.520 has. 

Tras el terremoto del 27 de febrero resulto dañado en algunos tramos (ver aquí), los que fueron reparados al mismo tiempo que se opto por ampliar su capacidad, tal como lo menciono el Seremi de Agricultura en 2010 (ver aquí) con obra que llego a la cifra de 720 millones de pesos.
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Los últimos propietarios de Rucañirre, Puchacay y Pulebu

Emplazados en el Valle de Cayucupil estos amplios terrenos sirvieron como base para el establecimiento de las comunidades mapuche actuales. A la vez, sufrieron el paso del tiempo pasando en distintas etapas administrativas de las que se tiene razón sólo desde mediados del siglo XIX.

Rucañirre, esta pequeña villa ubicada entre Tres Sauces, Puchacay y la Villa de Cayucupil allá por 1877 pertenecía a Pascual Liempillán quien vendió a Manuel Echaiz Baeza sus dominios.

Eduardo, hermano de Manuel, sucede las cuotas heredadas de otros hermanos y las vende posteriormente a José Filadelfo Salazar, pero reservó parte de la propiedad para sí. En 1891 los hermanos Echaiz Baeza venden a la familia Schliebener sus terrenos en Butamalal. Los límites de la propiedad son al norte el Río Cayucupil, al este el Estero Llihuín, al oeste el Estero Liucura (Piedra Blanca) y al sur en línea recta hasta Reputo.

Pulebu y Puchacay pertenecían por esos años a indígenas como Francisco Maril, Antonio Llanqueo, Lorenzo Queupán, Pablo Calbulao, Juan Anchío, Francisco Llaupi, José Pichicoi, Juan Quintriqueo, Pascual Maricoi, Juan Llanquileo, Juana María Millaguir, Juan Millales, María Panchilla y la familia Llipicoima. En 1876 Pedro María y Jenaro Carrillo compran a estos indígenas los terrenos de la propiedad al oeste de Rucañirre hasta el Estero Reputo, al sur el Estero Anihuetraro y colindado por el Río Cayucupil (Leiva) en las otras direcciones.

Diez años más tarde José Ignacio Méndez compró 200 cuadras en Pulebu a Juana Llauqui Quintriqueo. En 1889 Pedro María y José Carrillo venden otras 50 cuadras a Delfín Fernández, concretando una venta total de sus dominios en 1891 por $9.334 de la época.

En 1888 es donado a Ambrosio Aravena por parte de su hermano José Manuel la mitad de “sus terrenos” en Puchacay. En 1890 Gregorio Villarroel comienza a realizar sus compras en Pulebu a Juan Quintriqueo. En 1893 Juan José Aravena es propietario de la mitad de Puchacay al comprar a indígenas como Lorenza Panchilla Mayuca, Lorenza Queupán, Rosa Leviqueo y Josefa Llancache.

En 1900 Villarroel vende a Otto Seeger el fundo Pulebu en $8.000, casi doce veces más caro de cuando lo compró. Gregorio Irigoyen en 1911 se adjudica retazos en los Fundos Pulebu y Puchacay tras remate de la propiedad de Delfín Fernández. En 1923 el hermano de Gregorio, Miguel, vende a Don Amador Guzmán Hermosilla su propiedad y subdivisiones en Reputo. En 1929 los herederos de Guzmán Hermosilla venden Pulebu y Puchacay a don Carlos González Candía, quien a su vez lo traspasa a don Martín García Larroulet en 1931.




Fotografías: Fabián Valenzuela - Siomara Varela
Fuentes:
- Archivos Notariales de Cañete desde 1876 hasta 1968.
- Cañete, Crónicas de Cinco Siglos (2002), Clímaco Hermosilla Silva.
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¿Dónde estaba ubicado el Fuerte de Cayucupil?


Revisando las memorias expuestas al ministro de la época de la “Pacificación de la Araucanía” por la comandancia del Ejército de Operaciones en el litoral de Arauco el 1 de Junio de 1869 reafirma lo que hace un tiempo describimos en parte de los antecedentes de lo que habrían sido las fortificaciones que se construyeron en Cayucupil en aquella época.

Con el objetivo de incomunicar a las belicosas tribus de la costa con las del valle central se instalan las distintas plazas en Cayucupil, Contulmo y Relbún por Cornelio Saavedra. En aquel tiempo el refundado Cañete sólo tendría alrededor de mil incipientes habitantes que luchaban por construir en los cerca de 200 sitios dispuestos gratuitamente por el gobierno. Las construcciones se limitaban a ranchos pajizos, puesto que las tejas no habían sido suficientes para toda la población.

En aquel tiempo el Cayucupil lelbun o Valle de Cayucupil sería controlado por el cacique Mariñanco (Mariñan) quien se había mostrado dispuesto a la entrada de las fuerzas de Saavedra tras intervención del Padre Buenaventura Ortega.

Ubicación del Fuerte de Cayucupil

En 1868 se funda el Fuerte de Cayucupil debido a la importante conexión que brindaba con sus caminos con Angol y la zona que hoy corresponde a la Provincia de Malleco. Según lo escrito por Clímaco Hermosilla S. en el libro “Cañete de la Frontera y las fortificaciones coloniales y republicanas de su entorno” vemos que hay mucha suposición incluso hoy en día en torno al sitio exacto de la ubicación de la fortificación.

Según el profesor Hermosilla la ubicación del enclave tendría dos lugares tentativos: El cerro “La Bandera” y el cerro “El Descanso”.

¿La Bandera o El Descanso?

El primero es más bien por el nombre de la montaña que correspondería por suposición a que en este lugar flameo la bandera de algún cuartel en la antigüedad. La ubicación de este lugar está a unos 400 metros al noreste de los terrenos de Don Hugo Arnaboldi, quien además ha encontrado en su fundo muchas evidencias arqueológicas que incluso están siendo exhibidas en el Museo Mapuche de Cañete. Lamentablemente ningún otro antecedente aporta la existencia verídica de la empalizada.

Muchos de los cayucupilanos no mencionamos el verdadero nombre del “Puente Cayucupil”, ubicado a unos 500 metros del fundo de Don Fernando Acuña contiguo al cerro “El Descanso”, sino que elegimos el de “Puente Cuartel”. Esta acepción quizá sirva para dar una pista más de la ubicación del Fuerte sumado al hecho que muchos hablan que a los pies de aquel cerro habría existido hace muchos años una gruta de la Virgen del Carmen, patrona del ejército de Chile. Aún que otros mencionan la ubicación específica a la entrada del antiguo Puente, que estaba a unos metros del nuevo.

El cerro “El Descanso” hoy es una plantación forestal casi en el 90%. Pero conserva fielmente unos surcos amplios que corresponderían a los fosos o trincheras descritos por Saavedra. 36 metros de largo y 4,5 m de ancho de supuesta trinchera que fue labrada entre tierra y roca que hoy sirve de pasadizo para ir a la mutilla, situación que yo mismo he confirmado. Por otro lado, a 180 m se encuentra otro surco. Mientras que esta trinchera se separa a 520 metros del camino forestal existente ahí.

Todavía resulta confusa la ubicación del Fuerte de Cayucupil, pero muchas de las investigaciones indican que estamos más cerca de descubrir otro punto de nuestra historia, que mejor que restaurarlo y sumas atractivos turísticos a Cayucupil.

Artículos Relacionados:
- Las trincheras cayucupilanas: Plazas Militares en la Ocupación de Arauco (ver)
- La Ruta de Las Misiones Franciscanas que atravesaron Cayucupil (ver)
- En el dia del patrimonio cultural la base histórica de Cayucupil juega un papel preponderante (ver)

Fuentes Bibliográficas:
- “Cañete de la Frontera y las fortificaciones coloniales y republicanas de su entorno”, Clímaco Hermosilla Silva, 1999.
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Llevan a las tablas a "La Araucana" por primera vez, mencionando al cacique Cayucupil


Una imponente puesta en escena, que basada en el texto original del poema épico de Alonso de Ercilla y Zúñiga (Madrid 1533 - 1594), rescata el espíritu heroico de los protagonistas y el desarrollo dramático de sus circunstancias es el que han puesto en escena en el Teatro de Santiago con la Dirección y Adaptación Yasmín General, Coreografías de Mauricio Concha. La Duración de la presentación es de 60 Minutos y esta clasificada para estudiantes de 6° Básico a 4° Medio.

Sin lugar a dudas es una gran iniciativa que acerca los jóvenes a la hermosa Historia de Chile y a estos terrenos que fueron el telón de fondo de los relatos de singular epopeya. Ojala pudieramos tenerlos en nuestra zona para disfrutar todos de la primera representación artística de este poema épico.

Lautaro, Pedro de Valdivia, Caupolicán, Alonso de Ercilla, Guacolda, Francisco de Villagra, Colo Colo, Cayucupil, junto a otros singulares personajes, son los protagonistas del encuentro épico de dos culturas, crisol de la nueva nación chilena. Llevadas por primera vez a una magistral presentación que reune en una obra la historia, la música, las costumbres, los atuendos, los juegos, la danza, la cosmovisión, la guerra y la tragedia del pueblo mapuche.

Don Alonso de Ercilla y el relato de la obra "La Araucana", dedicada al Rey de España Felipe II. Frente a las primeras incursiones en tierras mapuches de Valdivia y sus hombres; El Gran Cacique de la Paz Colo Colo y el Machi Puchecalvo, entregan la saeta ensangrentada al "Meli Witran Mapu" (las cuatro puntas de la tierra) para convocar a todos los Caciques de Arauco al Gran Consejo Mapuche, de ahí saldrá el esperado Toqui... llamado "El Señor de la Guerra".

Bajo la tutela del supremo Nguenechén, de todas las regiones de Arauco llegan los Caciques; los más famosos allí están presentes: Tucapel, Angol, Paicabí, Lemolemo, Gualemo, Elicura, Cayucupil... sólo falta uno, de todos el más fiero.

Cayucupil, a quien acusan de arrogante y fiero es uno de los mas cercanos a obtener el trono ganado por Caupolicán. Este cacique se suma a la larga lista de lideres de la zona como lo fueron Quepuán y Yaupi, este último es quien va donde el presidente Pérez a pedir que establezca una fuerza militar de protección junto al cura Ortega y 50 caciques y que aún así quiere matar al Padre Ortega.

Después de dos días de competencia entre los hombres de Arauco por ser el Toqui del Pueblo:

" ...llegó con el aguacero a su paso todo Arauco tiembla...
Tuerto de niño, su rostro es de hierro;
Caupolicán ha cogido el tronco del suelo y lo puso sobre sus hombros,
por tres días lo cargó el gran guerrero.

Colo Colo, dió por ganador al más valeroso guerrero,
Caupolicán es su nombre, altivo y fiero."

El pueblo mapuche ha sido mermado, no tanto por la guerra sino por el contagio de pestes traídas por los europeos, entre ellas el temido "chavalongo" o tifus. Caupolicán pide preparar un Nguillatún; La Machi frente al "rewe", altar sagrado mapuche, inicia la ceremonia de rogativa, en profundo trance ruega por su pueblo y el devenir de la guerra.

Galvarino es tomado prisionero y para dar un fuerte escarmiento al pueblo, Francisco de Villagra manda a cortar sus dos manos, luego de cercenarlas es soltado a su suerte. Los mapuches sorprendidos por tanta insanía temen lo peor, pero Galvarino sobreponiéndose a su aflicción arenga a su gente 

"... han mutilado mis manos para dar muestras de poder a mi gente... 
Pero en mí no anida el miedo, más el yugo es fuente de valor... 
vendan estos brazos y amárrenle dos cuchillos en ellos, 
con los que pelearé como la prolongación de mis manos".

Extractos: Teatro de Santigo (link)
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Los medianos propietarios de Cayucupil a partir de los años veinte.


Después de la gran historia demostrada a partir desde los primeros atisbos de civilización en el siglo XVI hasta el siglo XIX y los diferentes nombres de grandes terratenientes que confiaron en los frutos del Valle de Cayucupil llegaron más personas a engrosar la lista de medianos propietarios de la localidad.

Sabido es la venta de retazos a diversas personas a lo largo del tiempo por lo que nos concentraremos en los que más terreno obtuvieron luego del testamento de Don Francisco Méndez Urrejola, principal propietario de la zona a fines del siglo XIX.

Dos familias vasco-francesas fueron las que se instalaron en la zona, hablamos de las familias de don Martin Cigarroa Larroulet y de Don Miguel Montory Dhiturbide. Al fallecer Cigarroa en 1937 y al ser inventariados sus bienes se calculo una superficie agrícola de 2.400 hectáreas en la zona, correspondiendo a nuestro valle 24 has. Al Fundo Caicupil (en la foto lo que queda de la gran hacienda) y a 686 has. Al Fundo Puchacay. En 1939 falleció Montory y sumo la siguiente suma de terrenos en Cayucupil: Fundo Santa Elena (Villa de Cayucupil actual) (224 has.) y Fundo Maquegua (Desde la actual Escuela al este) (800 has.).

Cabe consignar que ambos tenían terrenos también en diversas zonas de Arauco como Llenquehue, Pangueco, Reposo, Santa Ángela, etc. Su testamento fue fruto de distintas especulaciones, ya que, el avaluó general, entre ambos, corresponde a más de un millón de pesos de aquella época, cantidad exorbitante.

Otros propietarios importantes fueron don Pedro Pierry Etchepare (1938), Esteban Iriarte (El Natri), Dámaso Acuña (Butamalal), Amador Guzmán H. (Puchacay), Gregorio Irigoyen (Porvenir y Pulebu), Baudilio Méndez (Caicupil), Luisa Méndez (Caicupil), Eduardo Méndez (Caicupil), Pablo Padilla (Butamalal), Orozimbo Pincheira (San Antonio), Uberlinda Salvo (Caicupil) y Eugenio Urrutia M. (San Antonio).

Fuentes:
- Archivos Notariales de Cañete desde 1876 hasta 1968.
- Geografía Descriptiva de la República de Chile (1897), Enrique Espinoza.
- Cañete, Crónicas de Cinco Siglos (2002), Clímaco Hermosilla Silva.
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La Historia del "Comandante Fica" y su hazaña en Cayucupil


Hoy vamos a reproducir la historia singular de uno de los primeros representantes de las fuerzas "organizadas" de orden en nuestra zona de Arauco, Los Carabineros. "El Comandante Fica" como le llamaban era de los pocos "Dragoneanos" (aún no Carabineros) que habían en Cañete. 
En una ocasión buscó y enfrentó sólo por más de tres meses a un malhechor de aquellos años justamente en Cayucupil, mas precisamente en el Fundo de Los Pincheira, como nos cuenta Eduardo Sáez, este cañetino radicado en Mairinque, Brasil.
Como estamos celebrando uno de los días más importantes de la patria, ahora les contaré algo de un héroe cañetino de comienzos del siglo 20. Era este valiente señor un hombre en extremo “destemido” (sin temor) y amigo del lado de la ley, razón ésta que lo llevó a ingresar a la fuerza pública (antes que Carlos Ibañez del Campo los transformara en carabineros de Chile), los “Dragoneanos” les llamaban.

En aquella época no habían radios ni siquiera portátiles, de tal modo que las noticias demoraban a llegar. Pero empecemos por el orden lógico. Corría 1955 ó 1956, cuando en el velador de la pieza de mi padre (que les conté que también era armero), encontré un revólver inmenso, mi mano no llegaba de la “cacha” (empuñadura), al gatillo, tenía un cañón largísimo; mi padre me pilló manoseándolo y me reprendió, luego me contó que era de un carabinero jubilado y que era un revólver COLT 45 de cañón largo. Se lo habían mandado a arreglar.

Unos años después este carabinero jubilado, se convirtió en compadre de mi padre, pues mi viejo fue padrino de su primer hijo del segundo casamiento de él. Ahí, día sí y día no, yo lo pasaba a visitar a su casa en la calle séptimo de línea donde vivía en una pequeña casa que quedaba en una quebrada, a unos 60 metros de la calle; mi interés eran el pan caliente con chicaharrones o las tortillas de rescoldo, acompañado por mate, y a veces por trozos de queso calentados en un bracero y ensartados en un palo (me crujen las tripas de puro acordarme de estas exquisiteces).

Pero también me llevaba allí la curiosidad y el deseo siempre renovado de que él me contara sus historias, las que floreaba y las hacía tan nítidas que parecía que uno las estaba viendo, siempre pasaba Yo después que le llevaba la once a mi padre a la barraca de Otondo donde él trabajaba. Una de esas historias fue la siguiente:

Corría el año 1919 ó pasado el año 1920, cuando él recibió la orden de ir solo a capturar a un famoso y terrible asesino que tenía en pánico a las familias de ambos lados de la cordillera de Nahuelbuta, se decía que este criminal había muerto y estuprado a más de 30 mujeres, y que tenía en su ficha la muerte de más de 40 personas..., siendo considerado un completo animal. Como en aquella época la dotación de guardias no pasaba de 4 ó 5 personas, no fue posible enviar una pareja a buscar al asesino; así fue como nuestro “destemido” guardia recibió la orden de buscar y terminar con el criminal. Las órdenes en ese entonces era significado de tener que cumplirse cabalmente.

Salió solo a la busca del malhechor, llevaba consigo una carabina Winchister de dos cañones y su compañero preferido, el COLT 45 de cañón largo. Estuvo 3 meses tras la huellas del bandido, alimentándose de lo que conseguía en casas de moradores (charqui, harina tostada, y como bebida solamente agua), después de tres meses consiguió ubicarlo en los contrafuertes de Nahuelbuta, más precisamente en el fundo de los Pincheira allá por el alto de Cayucupil, lo siguió tres días hasta que lo consiguió acorralar en una caverna natural escondida por mata baja y muchas quilas, cerca de la orilla del río; de hecho él se mantuvo al agüaite con el cuerpo medio metido en el agua..., así lo acorraló tres días sin dormir, de vez en cuando intercambiaban tiros; el bandido le hacía ofertas de soborno, pero él firme en sus convicciones le respondía con tiros; estaba dispuesto a cumplir la orden : "Tráigalo Vivo o muerto ", preferentemente muerto le había ordenado su jefe.

Después de tres días el bandido mostrando toda su fiereza, salió de su cueva disparando sin cesar y corriendo en dirección a nuestro “destemido dragoneano”, intentando sorprenderlo y matarlo; él guardó la serenidad , y cuando estaba a la distancia ideal para no errar, se levantó y encarándolo a los ojos, le disparó el tiro certero que acabó con la escalada de terror y muerte con que el malhechor sembrara los campos de la provincia de Arauco.

Al preguntarle yo, ¿Porqué enfrentó en pié al bandido corriendo peligro de recibir una bala y no esperarlo escondido debajo de un árbol o piedra?. él me dijo: ¡Eso habría sido una cobardía, él vino de pecho abierto a enfrentarme, y Yo era de la fuerza pública! (Como queriendo decir que los de su corporación no se escondían, y por eso tenían el total respeto de la población)

Llegó 10 hrs. después con su carga al cuartel y con un "misión cumplida mi comandante", entregó el cuerpo del asesino (cuentan además, que posó para una foto que habría sido publicada en la revista VEA de la época). Ese "MI COMANDANTE" y la forma con que lo pronunciaba, es el motivo del chascarro y la anécdota que viene a seguir.

Corría. Era 1958 ó 1959, cuando estando nuestro ya jubilado carabinero, de cumpleaños, sus amigos decidieron celebrárselo en el Club Radical; junto con Don Borney Sánchez (concesionario del club), decidieron darle una gran sorpresa al “aniversariante”.

Encabezaba el grupo de amigos, mi padre quién mandó a hacer en la imprenta de cañete (donde se hacía el original diario “La Voz de Arauco"), al lado de la casa de Don Abelardo Cuevas, por el costado del lado izquierdo, un hermoso diploma, en forma de certificado o de título. El certificado decía algo más o menos así: "El pueblo de Cañete, en reconocimiento a su heroísmo, valentía y patriotismo, le concede a Don BERNARDINO FICA NAVARRO, el título de "COMANDANTE FICA". Justificaron la entrega como una reparación a la injusticia que las autoridades policiales habían cometido al nunca haberlo ascendido a cabo, Sargento, etc. Firmaban....(todos se daban títulos súper retumbantes: El Honorable caballero Don … etc. etc.).

Don Fica, como era conocido, era un hombre bastante alto y fornido, tenía unos ojos claros y la boca "IGUALITA" que su hijo - que Uds. Conocen - Sergio Fica, y el porte (grande), de su nieto El Pompe Fica.

En estos días de la Patria, es agradable recordar a este Sr. héroe anónimo que tantas vidas ayudó a salvar con sus hechos y su valentía. Don Fica, es así que lo recuerdo, como un hombre con la paciencia suficiente para contarme sus historias y compartir con un niño sus aventuras, dándole siempre un fin con una moraleja positiva. A la guardia de antaño, los pacos después, y a los carabineros de hoy, vayan mis saludos y mi respeto en esta semana patria.

Eduardo Sáez, cañetino, en la actualidad y desde hace 29 años, vive en la ciudad de Mairinque, Brasil, edita su periódico "Chile en Evidencia" (del que no recbe lucro alguno), dirigido a chilenos residentes en Brasil. Precursor del intercambio entre ciudades Cañete-Mairinque que se comenzó en la década de los 80. En la actualidad trabaja en uno de los diarios mas grande de Brasil (en Sao Paulo) y complementa su trabajo con algunas clases de Castellano para alumnos de secretariado y turismo en un Liceo particular. Fono: 55 - 11 - 4708 3989
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El Descanso, el origen de un importante Fundo en Cayucupil

Ubicado dentro de la “Hacienda Caicupil” se encontraba una pequeña extensión de terreno (2.500 cuadras) perteneciente a Francisco Méndez Urrejola. En su testamento de 1888, donde indica la entrega de 500 cuadras a Adelaida Contreras y otras 2.000 a la hija de esta, Luisa (nacida en 1886).

En 1908 la entrega del terreno todavía no fructificaba y había ciertos resquemores ante la negativa entrega. Al fallecer Don Francisco Méndez, el testamento adjudicó la “Hacienda Caicupil” a Elena Méndez (representada por su esposo) legando el trazo antes mencionado al oriente de esta subdivisión. Doña Adelaida Contreras muere y lega las 500 cuadras a Francisco Eduardo Méndez Contreras, pero no se hace la entrega definitiva con lo que se entabla una demanda al marido de Elena hecha por Aníbal Oyarzún, casado con Luisa Méndez.

Después de sucesivas negociaciones y acusaciones posteriores el Juzgado da razón a los demandantes el 26 de Octubre de 1912, quedando inscrito en 1926 ante el Conservador de Bienes Raíces de Cañete “El Descanso” a nombre de los hermanos (¿?) Luisa (2.000) y Eduardo (500). Pero ya en 1924 Eduardo vendió a Aníbal (esposo de Luisa) sus 500 cuadras.

En 1959 comienza la venta de parcelas en el lugar con renombrados compradores de la zona: Daniel Segundo Jana (170,9 hectáreas), Joaquín Ruiz Fernández (218,2 hectáreas), Eduardo y Joaquín Cartes Cárdenas (72,8 hectáreas), Emilio Arce Garrido y Blanca Sánchez Pérez (119,3 hectáreas), Daniel Riquelme (337,4 hectáreas), Orlando Delgado (72,6 hectáreas), Atilio Fuentes (Hijuela N°12), etc.
Fuentes:

- Archivos Notariales de Cañete desde 1876 hasta 1968.
- Cañete, Crónicas de Cinco Siglos (2002), Clímaco Hermosilla Silva.
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El nacimiento de Maquehue (Maquegua) en el Valle de Cayucupil

Uno de los sectores conocidos en Cayucupil en el cual existe mucha población indígena es el Fundo Maquegua. Desde tiempos ancestrales ha tenido muchos dueños, pero desde mediados del siglo XIX se sabe más de quienes fueron los terratenientes.
Indígenas como Miguel Guaiquil, José Melita, Juana Leviqueo Pincho, Pascual Maricoi, Minchel Cariqueo y Eugenio Chanqueo venden a Juan Miguel Mendoza entre 400 a 500 cuadras. Limitando al norte con el estero de las Minas Viejas (?) en 25 cuadras, al sur y oriente con el Río Caicupil (afluente Butamalal). Los vendedores igualmente se reservan parte del territorio colindante al norte del camino a Angol en los manzanales de José Melita, en una extensión de 35 cuadras.

En 1890 el terreno es comprado en $3.000 (de la época) por Don José María Cerda y Doña Carmen Cerda viuda de Acuña a los descendientes hereditarios de Juan Miguel Mendoza (Gaspar, Mauricio y Lucia Mendoza).

El otro registro corresponde a 1931 cuando Doña Uberlinda Salvo viuda de Cerda vende a don Miguel Montory Dhiturbide las 800 hectáreas de terreno que lo componen en $107.152 (de la época). Más adelante el terreno sufrirá expropiaciones propias de la Reforma Agraria y dará lugar posteriormente a una Comunidad (Reducción) indígena que hoy lleva el nombre de uno de los importantes indígenas del lugar, Pedro Melita.

Fuentes:
- Archivos Notariales de Cañete desde 1876 hasta 1968.
- Cañete, Crónicas de Cinco Siglos (2002), Clímaco Hermosilla Silva.
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Propietarios de Cayucupil (Caicupil) desde 1853 hasta mediados del siglo XX

El valor histórico que tuvo este suelo en el enfrentamiento entre mapuche y españoles no fue en vano y las tierras conservaron su riqueza cultural por muchos años, cambió de dueños y vivió procesos de entrega, concesión, regalos, cambios y permutas.

El primer antecedente que se tiene de una entrega legalizada y concreta del “Fundo Caicupil” es el 17 de enero 1853 cuando José Ignacio Palma, socio del poderoso Juan Alemparte y cuñado de Juan De Dios Rivera, recibe la donación de los terrenos comprendidos desde el filo de la Cordillera de Nahuelbuta por el este, los llanos de Tucapel al poniente, Caramávida (San Alfonso) al norte y territorios indígenas colindante a Butamalal por el sur. Ese día llegaron hasta Concepción varios indígenas de la zona liderados por José María Quintriqueo y destacan entre sus acompañantes los caciques José Pichiquintriqueo, Juan Mariñan, Pablo Antibil, Pablo Llancamilla, Lorenzo Carpuán, Pascual Lincoggi y José Güenavil. Además comparecen José Melita, Pascual Lepillán, Francisco Marillanca, Pablo Llaupi, Juan Pasllani, Francisco Huenillao, José Mariqueo (hijo), Martín Antillao, Francisco Calbucoi, Juan Güichucura, Juan Leviqueo, Juan Güenuan, Mateo Himanque, Marcos Nicolás Cariqueo, Pascual Liempillán, Luis Calbuqueo, José Buricoi y Bartolo Curapil. Lo hacen junto a los capitanes Anjel Méndez y Anselmo Arévalo.

La donación es efectuada conforme a beneficios personales, dinero, hospedaje, auxilio y cooperaciones recibidos por los caciques y a la buena relación que se acentúo en el apoyo manifestado por Palma en perseguir los frecuentes robos de animales. Manifiestan de la misma manera que no se hacen pobres con la donación, puesto que aquel terreno no sacan provecho (recordemos que el valle de Cayucupil poseía varios humedales y pantanos en aquel entonces).

Al morir Palma, su concuñado Cornelio Saavedra toma posesión del extenso predio el 14 de diciembre de 1853. Aún así ya el 15 de febrero de 1853 una tercera parte del predio había sido traspasado a don Domingo Ocampo. La viuda de Palma tendría problemas con la familia Cousiño respecto a este territorio tras una venta posterior a José Petit, su nuevo esposo. En 1876, muerto Petit, venden su propiedad a don Francisco Méndez Urrejola. Ya en 1887 inscribe a su nombre varios predios colindantes al predio Nahuelbuta.

Anteriormente en 1885 don Francisco Méndez arrienda la parte más poblada a don Fidel Cáceres Jaque por siete años. Más tarde Cáceres comienza a subarrendar los terrenos ganando por concepto de maquilas. Diez años más tarde hace sociedad agrícola con don Roberto Seibt. Ya en 1896 arrienda mayores propiedades a Bernardo Lamilla Rebolledo, Cleonardo Aqueveque, Ildefonso Araneda y José Antonio Tillería. El 7 de Febrero de 1908 doña Elena Méndez Zañartu, hija de don Francisco Méndez, vende en su totalidad la hacienda Cayucupil a don Fidel Cáceres Jaque por una suma impresionante, un millón de pesos de la época. De aquí se incluyen 100 bueyes, 50 vacas, 200 ovinos y otras dotes de la hacienda. Don Fidel muere en 1923 y en su testamento incluye la posesión de los fundos Santa Clara, Caicupil, Huique, Agua Colorada, Conhueco, Cerro el Molino, Butamalal, Chacay, Calabazo y Reposo.

En 1929 se realiza la partición de bienes entre los herederos Manuel y Anselmo Cáceres Osses. Manuel recibe Caicupil y Calabazo mientras Anselmo recibe Santa Clara y Chacay. Los otros fundos se repartieron en herederos menores. En 1939 Anselmo Cáceres vende a la “Caja de Colonización Agrícola” el fundo Sta. Clara y a “Maderas Hernández S.A.” el fundo El Chacay. Justamente en la misma década su hermano Manuel había vendido parte importante de la zona poblada a modo de retazos a la familia Montory. Ya a mediados de los sesenta la propiedad es adquirida por pequeños agricultores transformándose en los asentamientos que hoy conocemos tras la aparición de la Cooperativa Cayucupil naciente de la Reforma Agraria.

Fuentes:
- Archivos Notariales de Cañete desde 1876 hasta 1968.
- Cañete, Crónicas de Cinco Siglos (2002), Clímaco Hermosilla Silva.

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Inauguran placa conmemoratitva de la "Batalla del Desfiladero de Butamalal"

Como parte del cronograma de actividades concernientes a las Séptimas Garciadas Cañetinas un grupo de acérrimos seguidores de la Historia de nuestro país llegaron hasta este lugar enclavado en Butamalal Bajo.

Asombrados por la belleza del Río Butamalal y otros puntos del Valle de Cayucupil, terminaron muchos de los nuevos y también antiguos visitantes al lugar consignado en el Canto XXVIII del renombrado poema épico "La Araucana", donde incluso el autor de tan célebre escrito tuvo que lidiar ante el asedio de las huestes araucanas (1)(2).

En la ocasión se leyeron varios extractos de material de aquellos años con la descripción precisa de la batalla que tuvo lugar en Enero de 1558. Los distintos puntos de vista de muchos cronistas coinciden en avizorar esta zona con cualidades únicas para una emboscada mapuche sobre los españoles, que a la larga resultarían vencedores de dicha batalla de no mediar una gran cuota de sacrificio y el uso de arcabuces desde los altos peñascos de los macizos cayucupilanos, que hoy servirán para el soporte de una Central Hidroeléctrica.

Para invitar a la visita y al recuerdo de este singular episodio de nuestra historia fue instalada una placa rememorativa de tan cruento combate, gracias al aporte de la Agrupación Cultural Artis y el Instituto de Conmemoración Histórica de Chile. Algo que resalta el valor histórico de Cayucupil y refuerza la memoria de grandes hombres que disputaron su vida al mando de Caupolicán y Alonso de Reinoso respectivamente.